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La decana de Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras del Externado comparte la estrategia de la academia para formar a los jóvenes colombianos de cara a los retos de la industria.

 
como es la educacion universitaria frente a un turismo cambiante
Ecoturismo en el parque Nacional Natural Tayrona. Foto: iStock
 

¿Qué enseñarle a quienes quieren vivir del turismo? Esto es lo que se preguntan constantemente investigadores y docentes dedicados a formar a las nuevas generaciones de profesionales de un sector que en el mundo creció 3,9 por ciento en 2016, al sumar 1.235 millones de personas, y que para Colombia es la esperanza de las regiones que han sido golpeadas por la violencia.

La pregunta cobra todavía más sentido por cuenta de las transformaciones que está viviendo la hotelería y los mismos destinos. En los centros urbanos, por ejemplo, la hotelería tradicional caracterizada por grandes cadenas con modelos de calidad y servicios estandarizados, compite con diversas e innovadoras formas de alojamiento que surgieron desde finales de la década de los ochenta. Estas les apuestan a una atención personalizada, a espacios sobrios y sencillos, a experiencias únicas que potencian lo emocional ligado a sabores, aromas y colores del lugar. Todo ello, combinado con tecnología al servicio de los huéspedes.

En los destinos, ahora los atractivos son los grandes centros comerciales, museos interactivos de cuarta generación, el arte público contemporáneo que se muda de los sitios cerrados a la calle y expresiones culturales urbanas como el grafiti.

En las zonas rurales están naciendo alojamientos a pequeña escala, con encanto y un profundo respeto hacia el entorno. Aquí se representan los valores culturales asociados a la nostalgia, a la búsqueda de las raíces o a expresiones arquitectónicas. La tecnología no tiene cabida en estos oasis que pretenden rescatar la vida lenta y que han cautivado a personas que necesitan alejarse del ruido, la velocidad y el individualismo de las grandes urbes.

 

Ante esa búsqueda de la autenticidad de la experiencia turística, debe anteponerse el respeto al derecho de los habitantes a decidir qué se muestra o qué permanece como espacio privado e íntimo, protegido de la curiosidad de los turistas. Justamente ese es uno de los grandes retos para quienes formamos a las nuevas generaciones de jóvenes que buscan su desarrollo profesional en el turismo. Un campo de acción con tendencia al crecimiento y uno de los sectores con mayor aporte al empleo directo e indirecto en el mundo.

Nuestro compromiso es aún mayor en un país en posconflicto, en donde la actividad turística, si se planea y gestiona adecuadamente, será vector de desarrollo económico y social para territorios históricamente golpeados por la violencia, pero que cuentan con una gran riqueza cultural y natural. Debemos formar a los jóvenes como ciudadanos globales, creativos e innovadores; con gran capacidad de interpretar las nuevas tendencias de los destinos turísticos; que lideren y gestionen los nuevos negocios de la hotelería mundial y que estén a la vanguardia de la innovación –no solo tecnológica, también de nuevas formas y procesos de gestión, calidad y servicio–; y con capacidad para visualizar oportunidades. Pero tal vez lo más importante, que le apuesten a crear emprendimientos en territorios con alto potencial en turismo especializado, como el de naturaleza.

Colombia requiere profesionales éticos que lideren iniciativas productivas incluyentes, y aporten a mejorar la calidad de vida de los locales. Las apuestas de alojamientos y los destinos que promocionen tienen que incorporar buenas prácticas de sostenibilidad y criterios de corresponsabilidad frente al manejo y gestión del entorno natural y cultural. De allí la importancia de potenciar capacidades relacionadas con el trabajo colaborativo, la adaptación y el manejo del cambio y la incertidumbre. Así como las competencias asociadas a la negociación y la asertividad.

El turismo puede ser una gran alternativa para el país, pero debemos preparar a las nuevas generaciones para que su actividad aporte en el largo plazo, previendo sus posibles riesgos y oportunidades y aprendiendo de los errores y aciertos de otros destinos a nivel mundial, que ya han alcanzado un punto de madurez.

*Decana de la Facultad de Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras de la Universidad Externado de Colombia.

 

Fuente: Edna Rozo

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