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Lo que esperan los habitantes del municipio es que la gente conozca sus atractivos deportivos y turísticos, para que no se queden en Chiquinquirá, sino que vayan más allá del occidente de Boyacá y se sorprendan con una cara distinta del departamento.

las aguas de otanche

El casco urbano de Otanche está rodeado de maravillosas lagunas, pozos y cataratas. Foto: Manuela Montañez

El casco urbano de Otanche está rodeado por agua. Cataratas, lagos, lagunas y pozos están a menos de una hora de la plaza central en todas las direcciones. Cuenta una leyenda que de los depósitos más altos saldrán patos que harán brotar las aguas hasta inundar el municipio. Que sea cierto o no, habrá que verse, lo que es seguro es que sus habitantes están ansiosos porque la gente conozca todo lo que tienen para ofrecer.

Pero no es la única leyenda que hay en Otanche, sus habitantes cuentan que las parejas que visitan el Chorro del Amor, otro de los atractivos del municipio, terminan casados.

Los turistas también pueden visitar la laguna de Leticia, la más grande del municipio. Además está la laguna del Ocho, nombrada así por su forma, un espejo de agua inmenso, cuyos tonos azules y verdes le compiten en belleza a un cielo despejado. Muy cerca de allí, a cinco minutos subiendo la montaña, hay tres cascadas donde se practica torrentismo.

 

Por esta línea, están los jacuzzis de la quebrada La Cobre, diez pozos de agua fría que contrastan con el cálido clima otachense. Otro de los destinos favoritos es la cueva de las Cacas. En estas cavernas habitan murciélagos y guácharos, aves nocturnas con un canto particular que resuena en todo el recinto.

Los empeños de la actual administración se enfocan, sobre todo, en poner a Otanche en el mapa turístico de Boyacá. Por eso ofrecen recorridos por la mina de Coscuez, en donde se extraen las esmeraldas más finas del mundo. También hay rutas de senderismo por la serranía de las Quinchas, una reserva natural de clima cálido cerca de Bogotá. Otro de los recomendados son los zoocriaderos, donde se pueden encontrar diversas especies de mariposas.

A futuro, la idea es que la gente pueda comer queso doble crema artesanal, preparar su propio chocolate, comer un tradicional sancocho de gallina y salir a hacer parapente muy temprano, al amanecer, para que no se pierda el espectáculo de ver cómo la neblina cubre las montañas del municipio como una fina sábana blanca.

 

Fuente: Semana

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