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Un análisis sobre el aporte de las herramientas que brinda la era digital a la industria turística.

Un grupo de visitantes prueba una experiencia de realidad virtual

Un grupo de visitantes prueba una experiencia de realidad virtual con las gafas Oculus Rift. Foto: REUTERS

El turismo es una práctica social que conlleva el desplazamiento de un lugar a otro diferente, por múltiples motivos. Esta es la visión simple y concisa de la Organización Mundial del Turismo, máximo exponente en nuestro sector. En sí misma, la práctica turística es compleja, porque tiene un enfoque social en el que participan múltiples actores que interaccionan entre sí en un territorio que bautizamos como turístico, donde se desarrollan productos que las personas adquieren en su lugar de origen y que, finalmente, son consumidos fuera de este.

Esta particular característica de la actividad no ha impedido la incursión de las nuevas tecnologías en esta práctica que hoy en día tiende a la hibridez, es decir, a ser presencial y virtual al mismo tiempo, pero… ¿esto será siempre así? O ¿el turismo será netamente virtual en el futuro?

Por un lado, la respuesta a la primera pregunta es no. Sobre todo, pensando en que algún día se cumpla el vaticinio de John Urry, reputado investigador británico de las ciencias sociales fallecido en el año 2016. Él planteó en algunos de sus artículos y libros de investigación la posibilidad de un escenario de agotamiento del petróleo y cómo este hecho podría impactar la industria del transporte que permite que nos movamos en el mundo con tanta facilidad. Más aún, si pensamos que el uso de biocombustibles y energías alternativas, a criterio de los eruditos en el tema, no está siendo suficientemente desarrollado.

Este hecho afectaría sobre manera la forma como miramos hoy el turismo y sus actividades. Definitivamente, el turismo que hacemos hoy se tendría que reinventar por completo.

No se puede ver este tema netamente desde el turismo... ¿Se imaginan un mundo sin petróleo y sus derivados? El concepto que la sociedad tiene de este recurso natural es imponderable y va más allá de la utilidad de líquidos como la gasolina, la bencina, el keroseno, los gasóleos, los fuelóleos y los gases del petróleo. Sus usos son inconmensurables. Lubricantes, grasas, asfalto para superficies de espacio público, sellante, fibras textiles, sintéticos, detergentes, plásticos, medicamentos, productos cosméticos, de higiene, equipos médicos, vaselinas, pinturas, jabones, perfume, tintes, ceras, útiles de oficina, e infinidad de derivados del oro negro. En palabras de Juan Ignacio Blanco Díez, profesor del Máster Petróleo y Gas, Prospección, Transformación y Gestión, nuestra vida gira alrededor del petróleo. Pero volvamos al turismo…

Cambiando de tercio, no se puede negar el aporte positivo de las herramientas que brinda la era digital a la industria turística. Por ejemplo, la virtualidad posibilita el desplazamiento de personas con movilidad reducida o dependientes. Swarbrooke ofrece otra posibilidad al explicar que la realidad virtual puede usarse en destinos frágiles impactados negativamente por el turismo; en lugares que hayan superado su capacidad de carga; en sensibilizar a los turistas sobre un destino antes de su visita; en turistas que disfrutan de actividades peligrosas, como escalada o esquí de altura, en la reactivación de lugares turísticos en declive y como sustituto de actividades que puedan ser vistas socialmente inaceptables, por ejemplo la caza o el turismo sexual. 

Ali & Frew apuntan que “si el turismo virtual llega a convertirse en una realidad, podría usarse para reducir el transporte turístico y, con ello, tener un efecto positivo sobre las emisiones de carbono”. Asimismo, Erdmann & Behrendt comentan que la movilidad virtual podría reducir el transporte de pasajeros entre un seis y un ocho por ciento.

La virtualidad posibilita el desplazamiento de personas con movilidad reducida o dependientes

Para responder a si el turismo será 100 por ciento virtual, todo dependerá del rumbo que queramos darle a este mundo en el que vivimos. Si definitivamente sucumbimos ante la virtualidad, tendremos que revaluar y replantear el mundo conceptual-teórico porque la realidad será diferente: desde el concepto de turismo, hasta el de producto turístico y sus características más específicas, entre ellas la experiencia y la autenticidad. No pongo en duda que el turismo virtual sea una experiencia, ¿pero es auténtica para los sentidos? Las gafas 'Oculus Rift' te permiten ver y escuchar, incluso en 3D, pero hasta el momento nos tienen prohibido oler.

Esta revisión, tan somera como personal, deja claro que la triada turismo - presencialidad - virtualidad es inevitable. Uno no podrá ser sin el otro, con todo lo que eso conlleva en el mundo online y en el mundo físico.



MARÍA LUISA GALÁN OTERO 
Coordinadora de Investigaciones Facultad de Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras
Universidad Externado de Colombia

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